Es indiscutible que las relaciones sociales han sufrido en los últimos tiempos una auténtica revolución; rara es la persona -algunas hay, afortunadamente- que no tienen ninguna red social. Hoy en día cualquiera de nosotros lleva encima un equipo fotográfico y de vídeo de una muy aceptable calidad, capaz además de publicar en segundos lo que acabamos de vivir, hasta el punto de que es habitual en muchos actos -conciertos, por ejemplo- que el público no los vea, sino que los retransmita o los grabe, prestando más atención al móvil que al directo…. El problema es especialmente grave en el caso de los menores, tanto en cuanto a las imágenes que suben, como al acceso a todo tipo de información que tienen en la palma de la mano.

Sin entrar en otros avisos y precauciones que debemos tener en cuenta en estos casos, hoy querría centrar la atención en el caso de las imágenes que los padres orgullosos subimos de nuestros hijos/as a redes sociales, o compartimos en grupos más o menos numerosos de amigos, conocidos, familias, y demás allegados.

Lo primero a considerar es una enorme obviedad: en el momento que compartimos una imagen o información debemos ser conscientes que perdemos el control sobre ella. Está claro que hay herramientas para hacer desaparecer nuestro rastro en Internet, pero tampoco podemos ser ilusos. Esos procedimientos son en el mejor de los casos farragosos, muchas veces caros, y no siempre efectivos al cien por cien. Ante la duda sobre si nos vamos a arrepentir de subir una imagen o información, mejor no hacerlo.

En el caso de los menores, tienen una limitada capacidad de obrar jurídicamente hablando. Al estar bajo patria potestad, esa capacidad de obrar la ejercerán en su nombre sus padres o tutores legales, quienes decidirán por ellos. En el supuesto de las imágenes en las redes sociales, nos debemos regir por las disposiciones de la Ley Orgánica 21/1982, de 5 de mayo, sobre protección civil del derecho al honor, a la intimidad personal y a la propia imagen, que desarrolla el articulo 18 de nuestra Constitución de 1978.

La primera premisa es clara: disponer de la imagen de otra persona requiere autorización. En el caso de los menores, dada su limitada capacidad de obrar, se requiere el consentimiento de los titulares de la patria potestad; aunque será necesario el consentimiento del menor cuando éste goce de madurez suficiente y tenga al menos catorce años, tal como dispone el Real Decreto 1720/2007, de 21 de diciembre, que aprueba el Reglamento de desarrollo de la Ley Orgánica de Protección de Datos de Carácter Personal, pudiendo requerir además la asistencia de los titulares de la patria potestad o tutela.

Los problemas crecen, nunca mejor dicho, cuando los titulares de la patria potestad están separados o divorciados, y no están los dos de acuerdo en el uso de la imagen de los hijos comunes en las redes sociales. El Tribunal Supremo, en Sentencia de 30 de junio de 2015, declaró ilegal la subida a redes sociales de la fotografía de un menor en ausencia del consentimiento de los progenitores: “siempre que no medie el consentimiento de los padres o representantes legales de los menores, con la ausencia del Ministerio Fiscal, la difusión de cualquier imagen de éstos ha de ser reputada contraria al ordenamiento jurídico”.

En caso de discrepancias entre los progenitores, debemos plantear un incidente de patria potestad, habitual en los casos de separación o divorcio, previsto en el artículo 156 del Código civil,. Lo mismo sucede en decisiones que precisan el consentimiento de ambos, como un cambio de colegio, viajes, etc.

 Si no se plantea el caso como una autorización a priori, sino como una reacción frente a un uso indebido de la imagen del menor, lo que podemos solicitar al Juzgado la retirada de las imágenes, e incluso, solicitar una indemnización por los daños que podamos acreditar que hayan sufrido los menores. Incluso podríamos ser denunciados por nuestros propios hijos, llegado el caso; ya ha sucedido en Italia, una juez obligó a una madre a retirar las fotos de su hijo menor de edad, le prohibió subir nuevas fotos, y le impuso una indemnización económica. La cosa no es de broma, como vemos.

Por ello y resumiendo. Mucha atención y precaución con los peligros de las redes sociales. Sólo podemos usar contenido e imágenes de otras personas con su autorización; en el caso de los menores, con autorización de ambos progenitores en caso de separación o divorcio -o de pareja de hecho-, y en caso de desacuerdo, nunca nos arriesguemos a una reclamación judicial porque tenemos las de perder.

Buen verano

Por Manuel Sarrión Sierra

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